Un, dos, tres… Se abre el telón, salen las bailarinas, la música empieza un poco atrasada, -supongo que el sonidista es nuevo, pensó Salvador, la sala estaba medio vacía (o medio llena, ¿depende de la percepción no?). El show parecía un tanto improvisado, de esos que son montados a ultima hora por cuestiones de pésima organización, pero el show era lo de menos, Salvador estaba ahí solo para verla, tan radiante como siempre, prístina, sonriente, tan bello de ese brillo rosado que tanto lo cautivaba. Ella pisó el escenario rodeada de ese halo sutil que se hacía sentir a leguas, que gritaba su belleza a todo el que tuviera la suerte de estar respirando su mismo aire. Salvador quiso poder tener un control remoto surrealista y mutear a la señora con cara de bulldog que no paraba de hablar mientras Anette hacía su monologo, la señora cesó mágicamente de cuchichear como por acto de una fuerza divina, Salvador agradeció internamente a Chuck Norris y a un par de otras deidades más.
¡Oh divina lógica humana, sálvanos de las cruentas garras de la anarquía filosófica!, Salvador se sintió sonrojado al escuchar esas palabras salir de los labios violentos de Annette, ¡Oh aquellos labios que otrora habían sido tan suyos!, los mismos a los cuales había declamado tantas veces el capítulo 7 de rayuela, mientras ellas se ruborizaba hasta parecerse a la Monroe de Warhol. ¿cómo había sucedido todo? ¿cómo se había desmoronado aquel palacio, slash templo, slash palacio otra vez, en el que Salvador se sentía cuando ella reposaba entre sus brazos, ahí… a donde en verdad pertenecían ambos, donde todo lo demás parecía tan insignificante como una revista de farándula en una sala de espera de un consultorio psiquiátrico.
Ella volvió a entrar en escena y Salvador explotó la burbuja de divagar en la que se había metido, ella se encontraba a medio camino de un soliloquio, cuando se encendieron los bombillos rojos de las paredes de la sala, que indicaban evacuar inmediatamente el recinto. Todos se precipitan a salir; la señora con cara de bulldog y su amiga Marcia, la chica de los lentes de pasta y la franela de Arcade Fire, y la pareja de hombres que hacía unos minutos se estaban acariciando el cabello. Ellos y todo el resto de los espectadores salieron apresurados, seguidos inmediatamente por las bailarinas y el sonidista, todos menos Salvador… todos menos Salvador y ELLA… que se encontraba tan sumergida en su personaje como para sacrificar su hermosa actuación por una maldita alarma de emergencia,- ahora si podre disfrutar tranquilo, le susurro Salvador al Julio Cortázar que su imaginación le había puesto al lado. Julio encendió un Galouise, exhaló lentamente el humo y le sonrió a Salvador, quien tomó aquella sonrisa como una gesto aprobatorio de su actitud al pararse con la clara intención de acercarse al escenario,- ¡dale no más ché! exclamó Cortázar mientras se volvía a colocar el cigarrillo en la esquina derecha de la boca.
Salvador bajó las escaleras y se aproximó a ella, quien sonreía a la nada aun inmersa en su personaje, el se subió torpemente a la tarima, ella volvió su mirada lentamente hacia la de Salvador… hubo un silencio y hubo una mueca que se tornó tímida sonrisa, rosada, prístina, totalmente sinfónica. - ¿qué haces tu aquí?, preguntó ella casi en un suspiro,- lo mismo de siempre, dijo Salvador,-perdiéndome entre prosas vivas y poemas con patas, le devolvió la sonrisa… Sin darse cuenta ya estaban respirando en la boca del otro, besando el mismo aire, tan cerca que ya no cabían palabras entre sus labios, y entonces pasaban a hablar sus lenguas, un lenguaje a base de movimientos libres, con frases inexistentes en todos los otros lenguajes. Cortázar aplaudía desde arriba mientras cebaba un mate con la yerba que encontró en el bolso de Salvador (no pregunten como carajo cebaba y aplaudía al mismo tiempo. es Cortázar, puede hacerlo créanme). Salvador hundió sus dedos en su pelo, ella le correspondió con la misma acción instantáneamente, el palacio, slash templo, slash palacio, se empezaba a re-edificar a su alrededor, Salvador veía los hermosos muros de colores levantarse, lentamente aparecían también las alfombras persas y los cuadros surrealistas, él sonreía maravillado, Anette se aferraba más a Salvador, - Te amo… le gritó, - y yo a ttth, Hey disculpen la interrupción exclamó Cortázar,- de casualidad tendrás mas yerba querido?,- ¡no! , respondió Salvador sin dejar de ver a Anette, - y yo a ti, terminó de decir Salvador. Ella lo soltó bruscamente y continuó declamando la línea de su personaje, Salvador confundido, Salvador sorprendido vio derrumbarse el palacio( ya saben el nombre completo del palacio, no pienso volver a escribirlo) como si fuese un show de Pink Floyd, cerro los ojos para no presenciar aquel desastre, poco a poco el sonido de los muros cayendo fue muriendo, la voz de Anette iba sustituyéndolo con sus preciosas palabras.
Salvador abrió los ojos de nuevo, se encontraba sentado al lado de la señora con cara de bulldog y abajo en el escenario anette estaba a medio camino de su monólogo… ¡ Malditas burbujas de divagar! masculló Salvador.